El peeling facial es un tratamiento que ayuda a renovar la piel mediante la aplicación de sustancias específicas que realizan una exfoliación controlada. Su objetivo es mejorar la textura, unificar el tono y favorecer la regeneración cutánea, dando paso a una piel más lisa, luminosa y de mejor calidad.
Utilizados para:
Remueven sólo el estrato córneo sin producir necrosis. Microdermabrasión, con ácido retinoico y ácido glicólico (AG) en bajas concentraciones.
Penetran en la epidermis y en la unión dermoepidérmica (alcanza una profundidad de 0,06 mm). Los más utilizados son los alfahidroxiácidos como el ácido glicólico al 50%-70%, el ácido tricloroacético en bajas concentraciones o la solución de Jessner (ác. salicílico al 14%, ác. láctico al 14%, resorcinol al 14% y etanol al 95%).
Alcanzan la dermis papilar (alcanda una profundidad de 0,45mm). Se utiliza TCA aI 35% o fenol al 55%, aunque actualmente se usa la combinación de dos agentes menos potentes para minimizar las complicaciones. Está indicado para pieles con fotodaño moderado, ya que produce una regeneración colágena.
Sobre la cara totalmente limpia se aplica, con un pincel especial, un cóctel de sustancias que penetra en el epitelio con el objetivo de renovar las capas superficiales.
Las capas comienzan a renovarse desde el momento de la aplicación hasta varios días después, cuando el paciente verá cómo la piel dañada se cae y deja paso a las capas más nuevas. De esta forma, se obtendrá una piel más lisa y más tersa sin necesidad de anestesia previa.